Un San Valentín inesperado

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14 de febrero. Era San Valentín, el Día de los Enamorados, pero no para él. Hacía tiempo que su querida esposa se había ido para siempre. No tenía nada que celebrar salvo su cumpleaños.

Nunca antes había acudido tanta gente para acompañarle en una fecha tan señalada. ¡Jamás lo hubiera imaginado! Muchos estaban con él, rodeándole, arropándole, demostrándole su cariño. Todos los que no esperaba. También aquellos, los más queridos, a los que tanto había echado de menos desde hacía una eternidad.

Él sonreía, flotaba en un sueño sinfín, abrazado a los suyos, por fin, sin dolor y sin pesares.

 Encina junto al pantano Tablillas

Sólo el ruido de la paleta sobre el ladrillo, dando paso a la oscuridad, rasgaba el silencio. Eso y de repente, el aullido contenido y desgarrado del corazón roto por el adiós forzoso que impone la muerte. El profundo lamento, el inmenso vacío, la herida abierta, el amor sonoro en un clamor de besos sobre la fría lápida.

El viento agitaba los esbeltos cipreses que casi tocaban el cielo, la lluvia sobre el suelo formaba charcos de lágrimas derramadas en un incesante goteo.

Aquel 14 de febrero era su última y definitiva visita al cementerio. Allí acudía todos los días, sin faltar uno, desde que falleció su esposa y después su hijo. ¡Tan joven y tan lleno de vida! ¡Maldito cáncer!

Desde entonces él salía y entraba, cumplía con su rutina, a veces sonreía, continuaba viviendo pero la procesión iba por dentro. La tristeza y la soledad le asfixiaban el alma y el 13 de febrero, un día antes de su cumpleaños, su corazón no pudo más y dejó de latir.

Pantano Tablillas

 

Así fue aquel inesperado San Valentín, un día sin nada que celebrar, repleto de duelo y de dolor, pero también de amor y de cariño.

El cielo se reflejaba en los charcos y las nubes parecían posarse sobre las tranquilas aguas del valle. La tierra lloraba, de llanto desbordada, mientras allá arriba, una luz nueva y brillante, de paz colmada, resplandecía de dicha.

 

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2 Responses

  1. Luisfer dice:

    Me encanta el romanticismo que rezuma el relato. Con todos los ingredientes: la muerte, el cementerio, el silencio, el viento… le pondría de fondo musical “Miserere” de Eslava.
    Gracias.

  2. MonicaFraileMartinez dice:

    Muchas gracias, Luisfer, por tu comentario. Podemos contar o experimentar la muerte de distintas maneras, pero su realidad y su destino, idéntico para todos, nunca cambian. ¡Magistral banda sonora! ¡Adjudicada!

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