El discípulo medio vacío

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¿Eres de los que ven el vaso medio vacío o medio lleno?

Dicen que todo depende del cristal con que se mire, pero lo cierto es que a veces la vista nos engaña y nuestra propia mente mucho más.

Esto es lo que le ocurrió a un discípulo abatido y triste que pensaba y pensaba…

El pensador de Rodin

 

Allí estaba, con la mirada clavada en el cristal, observando fijamente el círculo transparente, un simple vaso de agua.

– ¿Medio lleno o medio vacío? –se preguntaba así mismo.

– Depende –sus pensamientos revoloteaban entre sus ojos tristes arrugando su entrecejo-. Medio vacío de suerte, de esperanza, de amor, de trabajo ­–continuaba su monólogo interior- Medio lleno de ansiedad, de problemas, de preocupaciones, de deudas, dudas, miedos.

Ya estaba ahí de nuevo. Ese grito mudo, plomizo, envenenado de negros pensamientos, ira, ansiedad… otra vez en la boca de su estómago.

 

Busto de cara gritando en la boca del estómago en un estanque del parque El Capricho de Madrid

 

Bebió el agua, llenó su vaso y volvió a observarlo.

– Cuando sientas que la gota colma el vaso –recordó las palabras de su maestro- Bebe y vuelve a llenarlo.

– Pero aunque el vaso esté lleno yo seguiré sintiéndome vacío –respondió él-.

– La vida no está exenta de problemas, de preocupaciones, de dudas, de miedos –contestó el sabio-, pero para digerirlos bien no basta con tragar, hay que masticar y así, digiriéndolos podremos aceptarlos, sentir que forman parte de nosotros y dejarlos ir. De nada sirve luchar contra ellos sin entenderlos y sin aceptar nuestra propia vulnerabilidad. Esa es una guerra inútil. Por eso bebe tu agua y sé un hombre justo.

– ¿Cómo puedo serlo, maestro, bebiendo un simple vaso de agua?

–  ¿De verdad crees que tu vaso está medio vacío de todo lo que dices? –le observó fijamente haciendo una larga pausa- A menudo nos obcecamos tanto con lo que creemos que nos falta para ser felices que infravaloramos injustamente lo que sí tenemos.

– Pero la vida es injusta conmigo –se quejó el discípulo medio vacío-. ¿Por qué tengo que pasar por tantas adversidades? La vida es mucho más fácil para otros.

– Abandona la queja continua, hijo mío, así sólo incrementaras tu malestar y no hallarás respuesta. ¿Por qué no haces una lista con todas las cosas buenas que atesoras empezando por lo que está dentro de ti: tus cualidades, talentos, sueños…? ¿Por qué no llenas tu vaso de todo lo que te hace sentir pleno y feliz? Equilibra con esa dulzura la amargura que has vertido en él. ¡Ocúpate, no te preocupes! ¡Siempre hay una salida!

Con aquel recuerdo, las arrugas del entrecejo se disolvieron y una chispa de sonrisa iluminó sus ojos.

Se había olvidado de aquella lección de su maestro. Él le advirtió de que aquello podía pasar.

– Para obtener resultados hay que perseverar –se repitió en voz alta- Ahuyentó los negros pensamientos y observó el vaso de nuevo.  Aquel agua le parecía ya otra.  A través de ella podía ver incluso los colores y la forma de las cosas que había más allá. También su brillo chispeante bajo la luz del sol.

 

Vaso de agua

 

Ahora el agua parecía sonreírle. Y así bebió, vació su amargura y se llenó de todo lo que ya tenía dentro.

 

Moraleja

Cuando pasamos por momentos difíciles a menudo se nos olvida todo lo bueno que tenemos en nuestra vida. Para pasar el mal trago ayuda equilibrar la balanza y llenarla de cosas positivas que contrarresten la negatividad. ¡Búscalas! ¡Haz una lista!

Párate

Cesa el discurso negativo

Deshaz el nudo del estómago

Date un descanso.

Haz algo que te apasiona, eso que tanto te gusta.

Sonríe

Ilusiónate

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