Carta desde Cuba

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¿Cómo era la Navidad en Cuba a finales del siglo XIX? ¿Cómo se festejaban estas fiestas tan señaladas en la isla? ¿Qué platos y dulces se degustaban?¿Qué música sonaba? ¿Cómo vivían estas fechas los soldados destinados desde la Península que cumplían el servicio militar allí?

En esta Navidad de 2013, todavía marcada por la crisis, son muchos los que no pueden pasar con los suyos estas fechas tan especiales por encontrarse lejos de casa. Han cambiado los tiempos pero hay historias similares y los sentimientos son los mismos.

Os invito a subir a mi particular máquina del tiempo, retroceder hasta la Navidad de 1888 y revivir estas fiestas junto a un recluta recién llegado a Cuba desde su pequeño pueblecito de Segovia. A sus 20 años era su primera vez para muchas cosas y así se lo contaba a su familia a través de una carta fechada en enero de 1889.

¿Listos para iniciar el viaje?

 

El soldado Felipe Callejo de San Cristóbal de Cuéllar (Segovia)

El joven soldado Felipe posa con su uniforme en un estudio fotográfico de Santiago de Cuba

Imaginaos a este joven sentado ante un trozo de papel, pluma en mano, escribiendo a su familia. En sus ojos asoma una lágrima de nostalgia y añoranza difuminada por momentos por la chispa de emoción de nuevas y sorprendentes experiencias que cuenta así:

Un soldado segoviano destinado en Cuba escribe a su familia en Segovia

Carta de Felipe a su familia enviada en enero de 1889

La carta de Felipe

Enero de 1889

Santiago de Cuba

Queridos padres:

Después de saludarles, me alegra se hallen buenos en compañía de mis hermanos y de toda la familia. Yo estoy bueno a Dios gracias para lo que gusten mandar que lo haré con mucho gusto y fina voluntad.

                Padres, les voy a contar cómo he pasado esta Nochebuena que ha sido la mejor de mi vida porque he tenido de todo lo que puedan imaginar.

¡En Nochebuena mataron una vaca para el batallón!

De primero nos sirvieron un guisao de carne de ternera. Luego carne asada de tostones acompañada de castañas, nueces, avellanas y turrón. ¡Fue increíble!

Además asistieron todos los oficiales a la mesa. ¡Pueden creerlo! Supieron que nos faltaba vino y no dudaron en echarlo ellos mismos en nuestros vasos. Un oficial se sirvió un vaso para él, después otro para mí  y entonces me dijo:

–  “Choque usted ese vaso” Y brindamos.

En fin, me he acordado mucho de Ustedes pero no se preocupen, he pasado unas buenas fiestas a Dios gracias.

La noche de Los Santos también estuve contento, como si hubiera estado en casa. ¿Saben?  Aquí no hay que tener pena, al que se muere lo entierran y ese día  hay rancho para todos. Tampoco falta el pan, como si siempre hubiese una gran cosecha.

Madre, le cuento. Aquí  las mujeres son muy negras. Al principio, me daban miedo porque iban fumando el puro por la calle como si fueran hombres.

Padres, me mandan a decir si a alguno le ha tocado para Cuba o para la península.

Sin otra cosa, expresiones para mis abuelos y para toda la familia, en particular para mis hermanos que les quiero de corazón. Ustedes reciban el afecto de este su hijo que lo es.

                                                                                              Felipe

Batallón Casadores de la Unión Nº2 1ª Compañía

En Santiago de Cuba

 

La Navidad en Cuba a finales del siglo XIX

¡Qué aventura para un humilde campesino segoviano que no había salido de su pueblo en la vida contemplar una mesa rebosante de viandas que no había imaginado ni en sus mejores sueños,brindar con un superior de igual a igual, cruzarse con una mujer negra y fumando un puro en plena calle (¡lo nunca visto!) o asistir a un duelo que festejaba más la vida que la muerte!

 

La gastronomía cubana y navideña de la época

La isla, sus costumbres, su cultura y sus gentes eran el resultado de la mezcla entre lo español y lo criollo, influencia a la que, por supuesto, no escapaba, la gastronomía de la isla.

Felipe nos habla del tostón asado, del guisado de carne de ternera y de frutos secos como las castañas, las nueces y las avellanas.

Un plato típico de la cocina criolla y especialmente de la región oriental de Cuba desde principios del siglo XIX era también el congrí que significa “congos con arroz” y no son otra cosa que frijoles colorados con arroz acompañados de trocitos de carne de puerco y chicharrones.

También el ajiaco, de origen indígena, un conjunto de distintas viandas, vegetales y carnes cocinados juntos, era muy popular por aquella época.

Y de postre (como también nos cuenta Felipe) tampoco faltaban los turrones de Navidad de almendras, yemas, leche y moras, procedentes de Alicante o Jijona, que se podían encontrar en Cuba desde 1803 o los postres de frutas tropicales: piña, mango, tamarindo, guanábana o naranja que se exportaban desde 1836 a EEUU o la península española.

 

Aquella Navidad de 1888 no sólo hubo banquetes de exquisitas delicias, también la música debió inundar las calles de la señorial Santiago de Cuba, cuna del son cubano en aquellos años finales del XIX.

¡Pongámosle banda sonora!

La música de la Cuba decimonónica

Por aquel entonces en las iglesias sonarían también los villancicos compuestos en el siglo XVIII por Esteban Salas, maestro de capilla de la catedral de Santiago de Cuba y primer compositor de la música culta cubana.

 

 

 Las habaneras también estaban de moda y se bailaban desde Cuba hasta en Madrid.

 

 

Seguro que Felipe debió de escuchar estos ritmos y cantar algunos de los villancicos de la España decimonónica. Aunque los villancicos tienen un origen anterior, esta costumbre se generalizó a partir del siglo XIX.

Quizás nuestro joven recluta también paseó ante la imponente casona (que todavía hoy se conserva) de un ilustre paisano suyo, Diego Velázquez de Cuéllar, primer Gobernador de Cuba (1511-1524), entonces bautizada como “La Española”.

DiegoVelazquezCuellar

Diego Velázquez de Cuéllar, conquistador español y primer Gobernador de Cuba

El origen del árbol de Navidad

Tal vez hasta se sorprendiera con algún árbol de Navidad. El primero se colocó en Madrid en las Navidades de 1870 en el ya desaparecido Palacio de Alcañices ubicado en el Paseo del Prado esquina con Alcalá. Ese mismo año también empezó la costumbre de enviar tarjetas navideñas para felicitar las fiestas.

Las Navidades en el Madrid del siglo XIX

Por cierto, si queréis saber más sobre cómo se celebraba la Navidad en Madrid o qué manjares degustaba la clase alta madrileña, estos días (desde el 2 de diciembre hasta el 4 de enero) hay dos exposiciones sobre cómo eran las Navidades del S. XIX en la Casa de América de Madrid.

 

 

Detalle de adorno de un árbol de Navidad

La costumbre de decorar el árbol data del siglo XIX

Como sucedía en Madrid o en la Península, tampoco en Cuba las clases sociales se mezclaban.

Los pudientes, en sus grandes casas, mansiones o palecetes celebraban pantagruélicos banquetes y fiestas de postín. Los pobres, en sus humildes moradas, compartían lo poco que tenían, pero cantaban, bailaban y festejaban como después se ha seguido haciendo hasta nuestros días.

 

A Felipe aún le quedaban 3 años de servicio militar en activo en Cuba. No había podido librarse como hacían los hijos de los señoritos pagando 2.000 pesetas. Su presente era diferente y excitante. Su futuro, para nosotros hoy, una hoja ya escrita y a trazos desvelada pero incierta y confusa. Nunca regresó con los suyos. No pudo. Se quedó en Cuba donde formó una familia. La nostalgia y el recuerdo de su querida tierra de pinares, allá por la Villa de Cuéllar (Segovia) siempre le acompañaría.

Felipe se despide de su familia recordándoles que les quiere

Felipe se despide de su familia recordándoles que les quiere

 

Este artículo es mi particular homenaje a mi tataratío Felipe, su pasaporte de vuelta a casa por Navidad más de un siglo después de su viaje de no retorno.

Hoy, quizás, una estrella brille un poquito más. ¡Disfrutad y compartid con los vuestros!

 

¡Feliz Navidad a todos!

 

 

 

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3 Responses

  1. Eve dice:

    Me ha gustado mucho este artículo con el que nos obsequias en estas Navidades. Me ha emocionado y me ha transportado a ese mismo momento en el que Felipe cuenta a su familia cómo ha pasado las Navidades de 1888. También he sentido la sensibilidad y naturalidad con la que se dirige a los suyos contándoles su aventura por esas tierras.
    Gracias Mónica por ello, porque nos has devuelto con este artículo la Esperanza. La Esperanza que en estos tiempos que vivimos se nos hace muy difícil mantener al ver que hoy, igual que en esas Navidades, hay mucha gente sencilla que no tiene trabajo y no puede ofrecer a su familia una cena digna en este día. Personas que no tendrán grandes manjares, pero serán felices porque estarán rodeados de una familia pobre, sí, humilde, sí pero queriéndose y arropándose los unos a los otros.
    Gracias porque nos has hecho vivir el verdadero Espíritu de la Navidad con tu artículo.

  2. Fernando Camareno dice:

    Le felicito por publicar este bello artículo. He leído muchos diarios de campaña de oficiales y soldados de ambos bandos de las guerras separatistas en Cuba e Islas Filipinas donde nos hacen sentir las penalidades y la vida cotidiana de Juan el soldado en Ultramar. ¿Puedes Ud. publicar una imagen más detallada del soldado Felipe para estudiar los detalles de su uniforme de rayadillo pues la foto contiene algunos detalles de uniforme muy particulares del periodo de los 1880s tales como la gorra teresiana de un modelo similar al del Cuerpo Militar del Orden Publico de Cuba, cuello de color (¿verde esmeralda?) y distintivo de tirador selecto en la bocamanga izquierda sobrepuesta a un pedazo de paño oscuro.

    • MonicaFraileMartinez dice:

      Gracias Fernando por su valiosa aportación. Será un placer publicar en breve una imagen con más definición. Me alegra mucho conocer detalles como estos de la mano de expertos como usted y reconstruir así un poquito más la historia de Felipe.

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